Pájaros de la noche en Jesús María.
Escrito por andres el 28 de mayo de 2026
Después de 3 años, la Misa Ricotera volvió a Córdoba. Fueron muchas las idas y vueltas, como siempre, hasta confirmar que la sede iba a ser nuevamente en Jesús María, en el Anfiteatro Jose Hernández. La casa del Festival Nacional de Doma y Folklore abría una vez más sus puertas a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
La cita fue este sábado 23 de mayo, con entradas agotadisimas desde hace unas semanas, y eso se notó: la ciudad estaba totalmente tomada por los eternos peregrinos que llegaron desde lo largo y ancho de la Argentina toda. La previa en las vías del tren, ya una costumbre; y también dentro del predio donde de a poco el amontonamiento de gente hizo que el frío pase a ser solo una anécdota.
Minutos antes de las 21:30 h se apagaron las luces y sonó la mítica intro, el canto de guerra tribal, la declaración de que por las próximas 3 horas nuestras almas y nuestro aliento les pertenecía a ellos, a Los Fundamentalistas, que actuaban en nombre del Míster.
“El que la seca la llena” fue el elegido para iniciar la ceremonia, una de las rarezas más celebradas de la carrera de Indio como solista, la canción que cierra “El Ruiseñor, el amor y la muerte”. Pegados, y directo desde “La Mosca y La Sopa”, sus dos primeras canciones:
“Toxi-Taxi” y “Fusilados por la Cruz Roja”. Esta última una de las favoritas de quien les escribe. Cerrando el inicio, sonaron “Nike es la Cultura”, “Amnesia” y “¿Por qué será que Dios no me quiere?”.
“El Infierno está encantador está noche” y “Etiqueta Negra” fueron un punto altísimo de la noche, dejando paso a otros dos temas de “La Mosca y La Sopa”: “Salando Las Heridas” que fue la calma antes del pogo desenfrenado de “El Pibe de los Astilleros”. Asi, casi sin aliento, fuimos al primer descanso de la noche.
Unos minutos después, la banda del Indio Solari volvió a las tablas para regalarnos una rareza de “Momo Sampler”: “Rato Molhado”, una de esas joyitas que uno agradece estar presente cuando suena en vivo. Duró poco el descanso y la vorágine volvió desatada por “Rock para el Negro Atila” y otro momento mitico de la noche, “Ya nadie va a escuchar tu remera”.
Promediando el show hubo lugar para revisitar el primero de los discos de esta etapa de Carlos Alberto, el Bingo Fuel de la maquinaria que mueve a los Fundamentalistas del Aire Acondicionado: “El Tesoro de los Inocentes” se cantó con el corazón, seguido de “Adieu!
Bye Bye! Aufwiedersehen!”, el baile funky disco de “El Charro Chino” y la emoción visceral de “To Beef or Not to Beef”.
Otro bloque de clásicos, pasandose la posta de las voces: “Preso en mi ciudad” fue entonado por Fernando Nale, a quien el Míster llamara “Muchacho”. “Unos Pocos Peligros Sensatos” le tocó a Deborah Dixon y le llegó el turno a Luciana Palacios, que entonó las estrofas del himno ricotero “Todo un Palo”. Una de las favoritas del mismo Indio. Acariciando el final, otra perlita perdida en el tiempo: “De estos polvos futuros lodos”, una de las inéditas de Patricio Rey, desconocida por muchos pero celebrada por los que vivieron los inicios en carne propia.
El frío volvía a pegar ya bien entrada la noche a quienes estaban más quietos, pero era solo un rumor entre los que no pararon de bailar y saltar. A partir de acá, solo clásicos: “Mi Genio Amor” y “Juguetes Perdidos” marcaron el punto donde sabíamos que esto empezaba a terminarse; pero no sin antes bailar el rocanrol del país de “Mariposa Pontiac” ni escaparnos en el “Flight 956”. El broche de oro con los puños en alto en “Había una vez” y el pogo más grande del mundo: “Ji Ji Ji” con fuegos artificiales incluidos y el grito elevado al cielo para que le llegue al Indio, que aseguran, estaba viendo la transmisión desde su casa.
Es difícil poner en palabras los sentimientos que sacudieron cada una de mis fibras y de las de las 35 mil personas presentes. Es difícil poder explicar por qué el espíritu de una banda que no toca hace 25 años sigue convocando y atravesando cada faceta de nuestra cultura.
Sin embargo, de algo estoy seguro: Algo le late a esa banda incontrolable de perros sin folleto, y no es su corazón.